Filosofilias

Amor, traición y llanto en la canción ranchera.

  Por Gabriela Guadalupe Sepulveda Vázquez


“Si se calla el cantor calla la vida

Porque la vida, la vida misma es todo un canto

Si se calla el cantor, muere de espanto

La esperanza, la luz y la alegría”

-Horacio Guarany-



Actualmente, no concibo el medio musical sin la canción ranchera. ¿Cómo no referirnos a Cuco Sánchez y su fallo al corazón; José Alfredo Jiménez y sus llantos desgarradores y sus amenazas de últimos tragos; y la atinada descripción de una Guadalajara con hedor a tierra mojada en palabras de Pepe Guizar? ¿Qué pasaría si la canción de Guadalajara, se compusiera con el hedor de nuestra actual Guadalajara? 

A primera vista, podríamos afirmar que de la música poco podríamos reflexionar, es muy probable que la música se deje en el cajón de los olvidos, por pertenecer a lo que se puede designar como un problema poco urgente. Sin embargo, podríamos mencionar la reflexión musical en boca de Platón, Aristóteles y hasta el propio Pitágoras; este último descubrió que todos los fenómenos naturales se rigen por leyes que pueden describirse por ecuaciones matemáticas, es así como Pitágoras relacionó la armonía musical con los números. Sabiendo esto, no desestimaría que se irritara con la mala afinación. 

La música es dadivosa, no hay cosa alguna alcanzada desde la música, que no se nos ofrezca. Desde el llanto y el desquite de la traición, desde las diversificaciones de las esferas musicales. La música es la referencia de nuestra identidad, Miguel Carvajal Heredia, en su libro Música y Tradición menciona que la tradición es:

El lenguaje o idioma, la religión, el territorio, la cultura, las tradiciones, costumbres, el canto, la música, en general todo aquello que un grupo de personas, siente y hace valer como suyo y que sirve para apreciar, querer y amar, e incluso, ofrendar su vida por algo que lo hizo identificarse (Carvajal; 2004: 11).

En Jalisco, la música por tradición ha sido el mariachi, de manera internacional la imagen del charro valiente y sufrido por traiciones que su histeria han convertido en llantos vueltos canción, se han convertido en referentes de México. Sin embargo, el mariachi tendría que observarse más allá de lo que su fama mundial refiere, pues el mariachi no nace de la uniformidad, nace de la misma diversidad; Jalisco ofrece antecedentes históricos y culturales de tradiciones diversas y hasta opuestas. 

El siguiente trabajo, tiene como intención el reconocimiento del mariachi tradicional y la influencia que le heredó a la canción ranchera; la evidencia del paso del tiempo en distintos ambientes y la importancia que la tradición nos otorga.

La cultura puede ser transformada por la migración, modernización y la globalización; estos elementos aceleran el proceso de cambio. El mariachi es heterogéneo y debe estudiarse por regiones, por ello, convocan a la cultura expresiva, la cual atiende las diferencias entre distintos mariachis. Es importante identificar que el mariachi se ha cambiado por la transformación del mariachi campesino en mariachi urbano. 

Los temas recurrentes del mariachi tradicional eran la ganadería, animales de bosque, peones o cualquier aspecto rural. Arturo Chamorro Escalante en su libro Mariachi Antiguo, jarabe y son nos afirma que: “El mariachi es un vehículo mediador que posee una doble significación para los propósitos de las identidades” (Chamorro; 2006:92). La identidad atañe a la regionalización y nos hace contemplar un marco social, económico, en el cual los portadores manifiestan una inclinación al territorio, al habla local, gastronomía, festividades y música. En consecuencia, para comprender la música de contexto campesino es necesario entender los sones y jarabes que han surgido desde el medio agrícola. 

Entre los sones clasificados encontramos al son de Tarima (Wixariká, Cora y Nahua), el son alteño (Mariachi con tambora), Son arribeño (se considera al antecesor de los sones, es perteneciente al sur de Jalisco) y el son planeco (perteneciente a Michoacán, el cual se distingue por utilizar el arpa grande). 

Se considera que en el Sur de Jalisco provienen la mayoría de los sones del mariachi mestizo, sus sonidos son fuertes y rápidos. El son alteño es compartida por regiones de Los Altos y Zacatecas, la presencia de la tambora y los jarabes son identitarios de esta región, estos sones fueron influenciados por los rancheros españoles, de aquí partió la cultura europea ranchera, aunque también fue influenciado por la cultura indígena local y foránea como lo es la Tlaxcalteca.

Los sones de tarima se distinguen por sus matices de corridos y polkas, y fueron influenciados por las culturas Wixariká y su aportación con el instrumento raweri o su violín; estos sones también han sido ejecutados por Los Cora y los Nahua. Los sones planecos y los arribeños están familiarizados por sus instrumentos de madera, sus sones y jarabes, los cuales tuvieron gran presencia en la cristiada. En Sayula se acostumbraba a tocar de madrugada en los días de boda hasta la tornaboda. Fue en el Siglo XIX que llegaron los bailes de salón: vals, minuet y schottische, las cuales ofrecieron una variedad rítmica. Es así que es notoria las diferencias en los ritmos, temas e instrumentos, especialmente el canto tiene una relación directa con los contextos geográficos en que se presenta una tradición.

Los primeros mariachis en emigrar fueron los de Cocula y Tecalitlán a la ciudad de México en los años 30. Esto fue el inicio de distintas emigraciones, actualmente hay mariachis en distintos países.

Ahora bien, la figura del mariachi que ha sido explotada como identidad mexicana desde una perspectiva transnacional y transregional tienen dos signos que tendríamos que examinar, por un lado, existe una representación visual en la vestimenta de los integrantes del mariachi, atendiendo el estereotipo del charro; y, por otro lado, tenemos a la reproducción musical desde sus variaciones en temáticas, sonidos e instrumentos. Chamorro Escalante menciona que: “Se debe considerar que existe una dicotomía de signos audibles y visuales que dan forma al asunto de las identidades” (Chamorro; 2006:91). Es con esto que se confirma la dualidad del mariachi tradicional con el mariachi del espectáculo, el primero atiende a un sector agrícola, no hace uso de la trompeta y usa vestimenta campesina; mientras el segundo busca el traje charro de gala, que parece que entre más brille el metal es más representativo. Chamorro refiere a la trompeta como un signo poco identitario: “La presencia moderna de la trompeta es, más que todo, un signo de ostentación e imposición y no tanto de identidades” (Chamorro; 2006:92).

Los sones indígenas son asociados por composiciones que invitan a la danza tradicional y la ceremonia. Las composiciones mestizas desarrollaron una identidad emocional de euforia o depresión, de la cual parte mucho la influencia de la canción ranchera, ahora conocida por figuras como José Alfredo Jiménez, del cual Chamorro comenta que:

Ciertas figuras de carisma popular, como José Alfredo Jiménez hacen que la canción ranchera sirva como vehículo por el cual la poesía popular creó una escena imaginaria, una representación de la realidad mexicana implicada en sentimientos depresivos, o bien, sentimientos de exaltación sobre la tierra de origen (Chamorro; 2006:110).

Entre las conocidas afirmaciones del cantautor José Alfredo Jiménez encontramos la tan popular: “No vale nada la vida, la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba. Por eso es que en este mundo la vida no vale nada”, la cual entre los caminos a Guanajuato conjeturó.

La canción ranchera heredera de una historia de tradiciones, entre dualidades de identidad, ritmos y significados, ha dado a conocer una imagen conservadora entre los sentimientos de amor, traición y llanto; las cuales han ofrecido una representación evolutiva del mariachi desde sus inicios, puesto que la canción ranchera representa la identidad mestiza; el problema radicaría, en voz de Chamorro:

Habría que hacer notar los nuevos productos del negocio, los clichés deformadores. Este tipo de clichés son degradantes e irrespetuosos de la tradición del mariachi, debido a que transforman el ensamble en un grupo de cumbia mexicana, al que incorporan tumbadoras, güiro, maracas para ejecutar éxitos comerciales ampliamente difundidos y cultivados, como: La macarena, camarón pelao y el mariachi loco, entre otros; a pesar de la deformación se le sigue llamando mariachi a este formato de conjunto. (Chamorro; 2006:111).

La canción ranchera tiene que observarse desde dos matices, la primera desde la popularidad y la segunda desde la tradición, ambos términos no son sinónimas. La traición atiende a actividades que dan unidad a un grupo social, en la música nos referimos a tradición en cuanto contexto social, ambiente grupal, ideológico, étnico y religioso, por lo cual no tiene relación con términos comerciales, cosa que ofrece la popularidad, la tradición nos da un sentido comunitario.

La canción mestiza se vincula directamente con la canción ranchera, la cual es producto de distintos cambios y fusiones; sus sonidos se han diversificado con el paso del tiempo, así también como sus temáticas. Anteriormente, los sones tocaban temas sobre la naturaleza del campo, animales y celebraciones comunitarias; actualmente la canción ranchera toma temas de amor/desamor, conceptos de vida, transformaciones y difuminaciones con otros sistemas de valores y modos de interpretación cultural. La interpretación de la canción ranchera ya no es en su totalidad interpretada por los grupos que le daban un sentido de identidad. Las interpretaciones se dan desde otros contextos y otros actores sociales, y aunque no le dan el sentido tradicional, no es que haya perdido su esencia de tradición, pero se ha vuelto una escenificación de lo tradicional.

Al tratar las escenificaciones tradicionales como una nueva alternativa, no necesariamente se desprestigia, puesto que uno de los sentidos de la tradición es su flexibilidad y constante cambio, estas escenificaciones se han vuelto nuevas tradiciones.

La intención, al final de cuentas, entre las diversificaciones tradicionales es la misma, atender al imaginario, es decir, las formas de expresar, crear y compartir una cultura. La canción ranchera es producto de la interculturalidad en un contexto de migraciones, en donde se crean nuevas identidades, con esto acertamos al afirmar que la canción ranchera es híbrida, porque proviene de distintas tradiciones e identidades; es así que se vuelve una tradición inventada y reconstruida constantemente. 

El problema radicaría con confundir lo popular con la tradición, puesto que desde la misma tradición se han tomado elementos para popularizarlos e industrializarlos, esto pasó con el cine y representación de la canción ranchera. Es aquí donde podríamos plantearnos, ¿El mariachi es tradición, estereotipo o bien de consumo?

Coincidentemente el mariachi es tradición, es estereotipo de un charro de gala y es un bien de consumo desde su comercialización. Con el ingreso del cine y la música ranchera, el mariachi se volvió un estereotipo, alejando al músico tradicional de su ambiente natural y creando una visión mediática para el mariachi, popularizando esta visión de la canción ranchera.

Con la globalización se dio otro enfoque a los procesos culturales, y no es que el mariachi haya cambiado sin ninguna interacción, acción que es propiciada por la globalización. La globalización le da una dinámica cultural al mariachi. El reto primordial de la globalización y la tradición es complejo, pero considero que se tendría que crear relaciones de respeto para que el mariachi tradicional pueda representarse en distintos escenarios sin tergiversar su sentido y contenido. Este tema es muy amplio y merecedor de otro trabajo de debate entre los temas de conservación y globalización, esta última acarrea temas como la desigualdad de industrias disqueras, gustos y perfiles estéticos susceptibles a la comercialización, entre otros más.

El mariachi, con todas las interacciones culturales y transformaciones se ha vuelto un símbolo mexicano; si el mariachi tradicional no se hubiera transregionalizado, quizá poco se conocería. El género ranchero ha sido un triunfo histórico desde lo comercial, pero también lo simbólico, entre estos símbolos encontramos a un Jorge Negrete altivo, un Pedro Infante pícaro, una Lucha Reyes sin ganas de vivir y un Javier Solís amoroso. Desde el jilguerillo, el zanate y el hijo del pueblo, un camino con transformaciones que merecen ser reconocidas y admiradas, esperamos que los mariachis no callen, y que se revaloren los distintos sones, desde la conservación hasta las interacciones. Al final de cuentas, el mariachi tradicional ha sido la gran influencia de la canción ranchera, y aunque se dice por ahí que: “En gustos se rompen géneros”, nunca es tarde atender los refranes como: “La lengua es el alma de un país y merece todas las atenciones”.


Bibliografía:


Carvajal, Miguel (2004). Música y tradición. México: Secretaría de Cultura Jalisco.


Chamorro, Arturo (2006). Mariachi Antiguo, jarabe y son. México: Secretaría de Cultura.


  

                ¿POR QUÉ LEER LITERATURA?

                         Por Fabiola López Ibarra


Desde que somos niños los maestros, nuestros papás y las autoridades nos dicen que debemos leer. De la lectura se dicen muchas cosas, entre ellas se habla de los mil beneficios que otorga: nos hace más inteligentes, nos ayuda a aprender nuevas palabras, nos da cultura general, entre otros. Sin embargo, esas mismas instituciones que nos dictan que debemos leer, no ponen el ejemplo, entonces surge la paradoja: si es tan importante leer ¿Por qué parece que tan pocas personas lo hacen? Incluyendo a quienes nos obligan a esta labor. 

En México, según la Encuesta Nacional de Lectura 2018, los habitantes leemos 3.8 libros al año: los números fríos nos dicen que mayoritariamente somos un país de no lectores, y los estudios afirman que, aunque se lee, no se comprende el contenido de los textos. Este tipo de trabajos de estadística nos dan una perspectiva muy simplificada de este fenómeno y tampoco responden al cuestionamiento de para qué leer, además no nos muestran otras prácticas de lectura, ya que la encuesta sólo se refiere a las prácticas de lectura tradicionales.

La palabra texto no se refiere solamente a las producciones que utilizan los códigos alfabéticos para comunicar mensajes. En la posmodernidad llamamos textos a las películas, a las pinturas, en resumen a todas las expresiones audiovisuales y visuales, incluso textos son también las piezas musicales, entre otras manifestaciones, siempre que una de sus intenciones sea la de la comunicación. El mexicano diversifica sus lecturas en este sentido. 

Además, actualmente no podemos decir que el mexicano no lee a partir de la escritura alfabética, ya que la mayor parte de las interacciones que tenemos a través de las redes sociales son desde la escritura: escribimos mensajes, leemos noticias, nos enganchan con clickbait en artículos en el timeline de Facebook, diseñamos y leemos memes; incluso plataformas como Wattpad nos acercan al mundo de la escritura creativa, tanto para lectores como para escritores potenciales ¿Cuál es entonces el problema?

El problema reside en que no leemos lo que se espera de nosotros, que quienes dictan los programas de lectura muchas veces tampoco son lectores y que las políticas públicas son deficientes en este tema. Además, se han diversificado tanto las prácticas de lectura, que ahora mismo tenemos acceso a sinfín de textos que podrían interesarnos. En este sentido, creemos que la problemática no es el libro en sí mismo, ni cuántos libros leemos o la calidad de nuestra lectura, una de las aristas más importantes es que la lectura es transmisora de cultura e identidad, que también nos conforma. Si nos preguntamos para qué leer literatura, en este rubro podemos encontrar algunas respuestas, pero antes veremos los antecedentes.

La escritura apareció en el mundo aproximadamente en el 3500 antes de nuestra era, se tiene registro de escritura cuneiforme, pero no fue sino hasta el 1500 a. n. e. que los hablantes llegaron a la conclusión de que la escritura alfabética era una de las mejores opciones, ya que permitía que, a través de la representación de sonidos, el escribiente pudiera hablar de todo lo que quería. Sin embargo, aunque la escritura fue evolucionando y ayudando a resolver problemas a través de uno de sus rasgos primordiales, la permanencia, pocos podían acceder a esta herramienta.

Nosotros, hablantes de español, somos parte de una cultura escrita de más de 500 años, en nuestra lengua materna se han escrito grandes obras de la literatura universal como El Quijote de Cervantes, Cien años de soledad de García Márquez o Pedro Páramo de Juan Rulfo. Nosotros también somos un continuo de estas tradiciones, hemos sido forjados entre la oralidad y la escritura. 

Así como en las sociedades tradicionales la oralidad servía para transmitir conocimientos y experiencias de los pueblos, ahora la escritura nos ayuda a llevar registro de todo lo que sucede en la vida humana. Hasta hace unas décadas pocas personas tenían acceso a la escritura, actualmente con la democratización del conocimiento y la inmersión de la escuela pública, la mayor parte de la población puede leer y escribir. Vemos este hecho como algo que sucede de manera natural, sin embargo, ese derecho e inclusión costó tiempo, esfuerzo y batallas. 

Entonces…¿Por qué leer? Porque tenemos el privilegio del acceso: bibliotecas públicas, libros a bajo costo en editoriales específicas, pdf´s en línea; porque tuvimos la oportunidad de ir a la escuela y en el medio escolarizado adquirir la lecto-escritura; porque en este periodo histórico que nos tocó vivir el libro, no como objeto físico sino como cultura, está, existe en nuestro campo de visión. Leemos como mecanismo de resistencia contra el olvido, porque es una de las mejores herencias de nuestros ancestros, de las más edificantes, de las más civilizatorias. 

Ahora bien, por qué leer literatura. Podemos elegir entre la diversidad de discursos que el mundo nos ofrece, sin embargo el ser humano es un sujeto imaginativo, todo el tiempo pensamos en posibilidades creativas, en diálogos posibles, en vidas potenciales. Incluso en el momento en que el hombre evolucionó y habló, ya estaba creando, ya era parte de la ficción. La literatura nos permite ir hacia otras vidas, jugar con las posibilidades, nombrar el mundo. 

Dice Daniel Pennac que el verbo leer no se puede conjugar en imperativo, cosa que es verdad. La lectura es una ruta natural, es una continuidad de estos diálogos que sostenemos con el mundo, en cualquier momento podemos llegar a ella y salir de ella. La lectura es siempre una posibilidad entre todas las que tiene la vida, es una fortuna que esta época nos permita leer en la libertad que conquistaron por nosotros nuestros antepasados. Leer es también, ahora más que nunca, una cuestión de honor.