Clica Literaria

Poesía

 

El mar sin arena

Por Ana Jonguitud Gudiño


El mar/amar

La voz de los silencios

Como mudos los sueños

Del árbol que fantasea en su jaula de luces

Ilusiones donde el deseo recae en la boca de los paisajes solitarios

Su luz, el lápiz su creación

Asesino de las lluvias sin sentido

Lleva colgando collares de caracoles.

La luz se abre paso entre la lluvia de tus ojos

Abre el portón en llamas por el sol

Silencio, no hay camino sin paso.


  

Amor espuma

Por Luis Eduardo Barón Juárez


Amor espuma, blanca del mar

Desde la ventana veo 

Como voces en el silencio

Provocan los airosos movimientos

Entre palmeras y coincidencias

No es viento, no es calma

Hay luz originada entre el juego de mi sombra

Como bailando entre los pliegues de mis pies.

Soy el camino de gris/negro sol

Labios en plenitud de ceguera

Hay sequedad de volcán que abre mis llamas.

Mis palabras son ciudades 

Con costumbres entre tardes

De hoy a las añoranzas, hay un estrecho tiempo

Entre olores de mar.

Un boleto, un camino entre las danzas noctámbulas

De vagones de tren, porque la ciudad y yo

No encontramos cabida, sólo una odiosa cortesía

De flores plásticas y saludos sin sonido.


   

Subasta de madrugada

Por Gabriela Guadalupe Sepulveda Vázquez


Exhibo la madrugada dulce

Con los párpados entreabiertos,

Somnolienta invitación.

Coexisto en la vertiente

De la inmaculada temporalidad,

Conservo lagrimales corroídos,

Lumbrales descomunales,

Y un pórtico como deleite sin subterfugio.

En mí, habitan un centenar de recitaciones sin germinar,

Y entre mis dedos la textura de algunas pieles.

Sin los recuerdos en subasta,

Es entonces que subasto una textura nítida.

El principio de todo mi final,

Lágrimas sin lagrimal.

Se subasta:

Consumidas pérdidas,

Voces del viento de ayer.

Aire, huesos y carnaza

Y festines de mi mirada.

Un cigarrillo que no prenderé,

Un relámpago de candores nocturnos.

Pretensiones de dioses caídos,

Y el cansancio de un corazón infante,

Y como un anexo inadvertido:

Recorridos de lenguas corpóreas,

Un dulce sabor de mi tierra.

Remato colmenas de pecado y lujuria,

Despolvadas nostalgias,

Exorbitantes magias ambulantes,

Una multitud de treguas en la luz de noche,

Palidez de crepúsculos angelicales,

Quimeras y bálsamos para baños de alma

Y con todo ello, remato la crueldad de fuego.


Risas de papel

Por Violeta Elizabeth Lomelí Ramírez 


Risas de papel maché

Son mariposas en pliego

O engaños de la lluvia

Ante la portada de una mueca

Cae la vieja mancha tuerta

De un hueco en la base de la entrada

Transmite una imagen muy ajena. 


  

Entre gustos se rompen géneros

Por  Tanya Lizbeth Cruz Quintana 


Me gustas

Me gustas en tu forma pura

Dentro de tu sonrisa

Con tus ojos entreabiertos 

Entre la electricidad de tu alma y tu cara linda,

Cuando entras iluminan mis espacios.

Te observo en silencio

Tus rasgos: entre tu nariz y tus labios.

Me estás gustando puramente

Sin lujuria ni deseo

Pero con la explicación más natural

Entre la pureza y su silencio.


  

De posta en posta

Por Fabiola López Ibarra


No había parada 

ni destino.

No íbamos a encontrarnos,

no por ahora.

Eran las horas de estudio,

la sincronía de las palabras

la que me hacía florecer.

Mi cama siempre estuvo sola,

no llegó al final de ningún viaje

ni cambió de sábanas.

Sin embargo…

la ventana siempre permanece abierta.


  

Presencia

Por Fabiola López Ibarra


No es menester sentarse

en las comisuras del destino.

Destino le llaman,

aunque puedo ver ahora

que no cambia ni permanece.

No me iré acercando 

al espacio prometido.

Lo que me tocaba de tierra

la tengo ya en mí.


  

Saltimbanqui 

Por Fabiola López Ibarra


Te estás evadiendo.

Mírame.

Te estás dejando

en un punto ciego,

sin perspectiva,

ni balance de blancos.

Te estás llevando tras bambalinas.

Te dejas plantado

en la cita con tu propia rabia. 

Microrrelato

   

Entre los dos. 

Por Luis Eduardo Barón Juárez


No hay relación entre el cielo y el mar, más que cuando se funden a la distancia y no sabes si son uno o dos. 


Sin problemas.

Por Luis Eduardo Barón Juárez


Ya me ahogué en todos los vaso de agua que había, ahora me gustaría respirar un poco.

 

El asesinato de los negritos.

Por Luis Eduardo Barón Juárez


Mis manos se mancharon de sangre, escena de color intenso. Tres personas murieron y cinco vivieron, hay silencio en los labios del testigo. El asesinato de los negritos. nadie me detuvo, todos eran espectadores y yo un artista de la muerte . 


  

Giuseppe

Por Violeta Elizabeth Lomelí Ramírez


Es la vida lo que encontré buscando viejos recuerdos en un lívido cementerio.


Eco

Por Violeta Elizabeth Lomelí Ramírez


Era hace una vez un viejo ermitaño que gritaba, gritaba, gritaba y gritaba, hasta que su voz se extinguió, apenado recurrió a un sueño donde su voz resonó.


El perdido

Por Violeta Elizabeth Lomelí Ramírez


Imagina un asno caminando solo, sin lugar de origen ni lugar de llegada; sin sueños, sin propósito; sigue el mismo rumbo que los demás sin importar y camina. Hasta que se pregunta: 

- ¿Por qué camino? 

Al no encontrar finalidad en su caminar, se detiene, y detiene a los que los rodean, y cae, ya que sin propósito no encuentra el sentido para avanzar.


Ingen feil 

Por Violeta Elizabeth Lomelí Ramírez


Todos me miran, esperan que abra la boca, puedo sentir el sudor recorrer mi espalda, así como la respiración de todos en la sala. Cierro los ojos y evoco su sonrisa, y recuerdo el ultimo trágico momento que lo vi, entonces recuerdo porque estoy aquí. Escucho su voz seca y madura:

-Bien señorita ¿Cómo se declara?  

Abro los ojos y veo mi alrededor, hasta hace unos momentos me consideraba inocente… Él insiste:

-Lo repetiré una vez más, ¿Cómo se declara? 

Respiro y anuncio:

-Culpable…

Cuento

Sólo quiero mirar al cielo

  

Siento la tierra fría sobre la piel, está me oprime el pecho haciendo difícil el respirar. Las lágrimas corren por mis mejillas, son lágrimas amargas y no me alivian, solo logran que el agujero en mi pecho se agrande más y más. Mamá suele decirme que los hombres no lloran, por no decepcionarla me he contenido mucho tiempo, pero a estas alturas ya no me importa más, muy pronto ambos estaremos bajo tierra derramando lágrimas de sangre. 

Trato que mi cerebro piense con rapidez, quiero procesar todo lo que me está pasando. Justo ahora no quiero hacer nada más que lamentarme y maldecir a quien me hizo esto. Sé que debería escapar, mi mente pide a gritos huir pero hace rato que mi cuerpo aceptó la derrota, no me quedan más fuerzas, además aquel hombre tiene una pala, al menor movimiento me matará. 

Cuando pienso en lo que me espera mi cerebro se pone en alerta, le pide a mi cuerpo que luche ¡que se levante! Pero intentarlo es en vano, mi cuerpo fue molido a golpes, he perdido tanta sangre que mi cuerpo está paralizado y mi mente apenas puede pensar… pero las estrellas me aíslan mínimamente del sufrimiento.  

Cuando él acabe conmigo mamá será la siguiente quiero salvarla, pero estoy tan cansado que solo puedo rezar para que no sufra o haya huido tan lejos que nunca pueda alcanzarla. Sin embargo ella estará en casa, preparando la cena para él con una sonrisa, porque la ha convertido en su marioneta y lo ha hecho tan bien que ya ni siquiera piensa por si sola; así que seguramente estará ahí, a la espera de su titiritero, de sus órdenes. No se marchará, y aceptará lo que él haga sin derramar lágrimas porque él la ha secado por dentro.

Rezo por mamá en silencio. El huele la esperanza brotando de mí y alza la pala dando el golpe certero. La paz me invade y poco a poco el dolor punzante en mi cabeza se desvanece. Él me cubre de tierra, yo dejo que lo haga, pues ya no es más tierra, es polvo de estrella cubriendo mi alma así que no me preocupo. Antes de dejarme vencer por el sueño echo un vistazo a las estrellas, que esta noche bailan para despedirme. 


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Por Elisa Naomi González González